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MOSLEY. EN RECONOCIMIENTO A SIR OSWALD

Posted in Eduard Alcántara, Política with tags on julio 27, 2015 by vitamilitiaest

Podría dar la impresión de que la figura de Oswald Mosley y su British Union of Fascists (BUF) apenas fueron una anécdota en el seno de lo que genéricamente se conoce como fascismo …en el seno de aquellos movimientos políticos que se desarrollaron en el período de entreguerras de la pasada centuria. Sin embargo la BUF llegó a ser un partido con una elevada militancia, con un fuerte activismo y con porcentajes de votos nada desdeñables en las circunscripciones por las que se presentó; más aún, esto último, teniendo en cuenta el que en dichos comicios, de carácter local (por distritos), sólo votaban los hombres casados y que, por contra, era entre la juventud entre la que el partido cosechaba más adhesiones.

La trayectoria política de nuestro personaje fue variada antes de decantarse por el fascismo. Así fue el diputado tory (miembro del Partido Conservador) más joven en ser elegido. Dejó este partido por sus desavenencias con el gobierno británico acerca de la política de éste para con Irlanda (Mosley era de ascendencia anglo-irlandesa) e ingresó en el Partido Laborista, al que también abandonó (al igual que al más izquierdista Partido Laborista Independiente) por considerar sus políticas económicas como poco alternativas al capitalismo. En esos momentos fundó el New Party –ya, éste, con claras inclinaciones fascistas- para, un año después, fundar, en 1.932, la British Union of Fascists.

Si aunamos dos factores, como son el sentido de milicia del fascismo y los continuos y violentos ataques comunistas a los mítines de la BUF, comprenderemos el que el partido de Mosley instruyera, a sus militantes de primera línea, en un solar contiguo al edificio que le servía de cuartel general, para organizarse como milicia. Milicia que mantuvo siempre a raya, a puño descubierto (los registros exhaustivos de la polícia no les permitían otro medio defensivo), los ataques furibundos perpetrados en masa por comunistas pertrechados con navajas de afeitar, puños americanos, barras de hierro,… Unos atacantes comunistas entre los que abundaba el elemento judío, tal como nos recuerda Mosley en su autobiografía (“My life”: “Mi vida”, Editorial Luis de Caralt, 1.973) cuando nos dice que desde junio hasta octubre de 1.934 (cuando fue violentamente atacado el mitin de la BUF en el centro de convenciones londinense del Olympia) de entre las 64 personas condenadas por los tribunales por los dichos ataques 32 eran judíos: el 50% de ellos, cuando los judíos constituían el 0’6 % del total de la población británica…

Los militantes del partido liderado por Sir Oswald adotaron la camisa negra como distintivo del movimiento, por lo que eran conocidos como los blackshirts. Unos blackshirts que fueron objeto de todo tipo de difamaciones en la prensa adicta al Establishment y de todo tipo de restricciones y prohiciones por parte del gobierno británico, ya que eran vistos como una real alternativa al gobierno …y al Sistema. Así se les prohibió el uso de las camisas negras o la autodefensa en sus actos al aire libre (tras la aprobación gubernativa de la Public Order Act, en 1.936), de la cual se dio exclusivos atributos a una policía a cuya negligencia (casual o causal) se deben algunos de los más graves altercados y hasta que el propio Mosley resultara gravemente herido por el lanzamiento de todo tipo de objetos contundentes contra los oradores.

La popularidad que llegó a cosechar Sir Oswald y su BUF fue tal que reunió las mayores concentraciones en local cerrado conocidas, hasta entonces, en el mundo, tal como aconteció en el acto celebrado, en junio de 1.939, en el Earl’s Court Exhibition Hall. Asimismo resultan espectaculares concentraciones humanas como las que se dieron en el Hyde Park londinense, en 1.934.

Debido a que el Establishment británico percibía el peligro que suponía esta fuerza alternativa pujante decidió, a pocos meses de iniciada la II Guerra Mundial, “democráticamente” (¡ay de la hipocresía de las demoplutocracias!) disolver el partido y encarcelar a unos 800 de sus dirigentes y cuadros bajo el pretexto de la oposición, por parte de la British Union of Fascists, a que el Reino Unido tomara parte en el conflicto bélico.

Así, durante tres años y medio Mosley estuvo preso. Su misma esposa, Diane Mitford, vio, como meses después, les eran arrebatados sus dos hijos pequeños (uno en plena lactancia) para ser ingresada, ella también, en prisión. Sólo una flebitis padecida por Sir Oswald, como consecuencia de la inactividad propia de su encarcelamiento, le permitió salir de su internamiento.

Con el fin de la IIGM el líder de la prohibida BUF volvió a la lucha política, no tardando en fundar el Union Movement. …un movimiento de acendrado carácter europeísta que pugnaba por unificar Europa y dejar en el baúl de los recuerdos las viejas rencillas territoriales y/o fronterizas entre Estados del viejo continente en pos de la constitución de una nación de más altos vuelos (Europa). Un movimiento que bajo el lema “Europa, una nación” logró la convocatoria, en 1.962, de la Conferencia de Venecia, en la que tomaron parte activa europeístas de granío como el belga Jean Thiriart.

La Union Movement multiplicó sus actos por la geografía británica y continuó encontrándose con la violenta oposición comunista. Entre antes y después de la guerra esta oposición provocó muy cruentos enfrentamientos en los actos que bajo el liderazgo de Mosley se celebraron en ciudades como Londres, Manchester, Liverpool o Glasgow. Llamaradas de violencia que salpicaron la emblemática Trafalgar Square londinense y que provocaron la suspensión gubernativa de esos mítines; con lo que, paradójicamente, los asaltantes comunistas acababan, como antes de la guerra, saliéndose con la suya y, en cambio, los que luchaban por autodefenderse veían grave e injustablemente dañados sus intereses.

Sir Oswald desató, en 1.959, una fuerte actividad en el londinense distrito de North Kessington, denunciando la inversión demográfica que empezaba ya a entreverse debido a una afluencia masiva de inmigrantes jamaicanos, que ya años antes había ocasionado serios altercados entre éstos y la población anglosajona autóctona. A Mosley, debemos, por ello, considerarlo un pionero en la lucha por la identidad cultural y por la misma existencia física de Europa.

Su activismo político se alargará hasta el año 1.966, en el que se presenta para las elecciones generales.

En Mosley cabalgan a la par un excelente orador con un hombre culto y versado en muchos temas: economía, ciencia, literatura, filosofía,… Muy aficionado al mundo clásico. En su estadía, durante la IIGM, en prisión redoblará sus lecturas.

Sus propuestas socioeconómicas pasan por la defensa del corporativismo como sistema representativo, como encuadre del mundo socio-laboral-cultural y como medio superador de la lucha de clases. Sin embargo al corporativismo de la Italia Fascista lo consideraba como “demasiado mecánico: un estabilizador automático, más que una fuerza motriz” (pág. 405 de “Mi vida”). Según Mosley los progresos de la ciencia y la teoría económica debían convertirlo en esa especie de “fuerza motriz”. Esta actitud crítica nos debería hacer, igualmente, recordar la que sostenía José Antonio Primo de Rivera (J.A.) al considerar que la existencia, en el seno del corporativismo italiano, de una especie de federación de patronos y otra de obreros en el fondo estaba conservando la relación bilateral entre los dadores de trabajo y los que lo arriendan para sobrevivir, lo cual representaba -al decir de J.A.- el seguir tratando al trabajo como a una mercancía. La idea de José Antonio era que los Sindicatos Verticales, por los que abogaba el nacionalsindicalismo, funcionarían orgánicamente como, p. ej., funciona el Ejército, sin necesidad de comités paritarios (no los hay en la Milicia) o Jurados Mixtos a modo de enlace entre patronos y obreros. Éste sería el modo más eficaz de acabar con la dinámica de la lucha de clases. (Al respecto se puede leer el discurso de José Antonio, del día 7 de abril de 1.935, en el Teatro Principal de Jaén; “Obras Completas”, pág. 510, Editorial Almena, 1.971.)

¿Es casual la coincidencia a la hora de efectuar estas críticas, por parte de Mosley y de José Antonio, hacia el Estado Corporativo de la Italia Fascista? Quizás sí y quizás no, por cuanto ambos se conocieron personalmente con motivo de la visita que el Jefe de FE-JONS le hizo al inglés en el cuartel general de la BUF, en el barrio de Chelsea; y en dicha ocasión pudieron haber compartido pareceres al respecto. Dicho encuentro lo refleja Mosley en sus memorias cuando nos describe lo que sintió (honda conmoción), una vez acabada la IIGM, una noche ante la tumba de J.A. en el monasterio de El Escorial, acompañado por su anfitrión, el cuñado de Franco, Serraño Suñer. Sir Oswald guardaba un recuerdo de él como el de un “joven incomparable” (págs. 470 y 471 de “Mi vida”).

La oposición de Mosley al capitalismo (sea el liberal o sea el estatal) no admite componendas y, así, nos habla de que las empresas que habrían de ser nacionalizadas deberían ser gestionadas por los trabajadores o por los sindicatos (del corte, queda diáfana la idea, de esos sindicatos verticales a los que aludía J.A.) y no por un aparato burocrático estatal.

Igualmente, su coherencia de pensamiento le hace abogar por la fijación de precios y salarios, pues ambos no deben ser producto del mercado y sus fluctuaciones. Se pondría, así, coto a la ley de la oferta y la demanda, indispensable -ésta- para el funcionamiento del capitalismo liberal, y se garantizarían los derechos de los obreros a unas condiciones de vida dignas.

No querriamos finiquitar estas líneas sin aludir a un par de anécdotas ilustrativas del carácter (de la personalidad) -a los ojos de Mosley- de dos líderes con los que nuestro personaje mantuvo un buen número de entrevistas y a los que llegó a conocer bastante bien. Se trata, ni más ni menos, que de Mussolini y de Hitler. Del primero Sir Oswald nos explica, en su obra autobiográfica, que en una ocasión en la que se entrevistaba con él, en su despacho del Palazzo Venezia en Roma, el Duce le comentó que el día anterior, donde en esos momentos se sentaba Mosley, se había sentado el Gran Rabino de Roma, el cual le había espetado a Mussolini que llegaría el día en el que los judíos dominarían a los gentiles. El Duce, tras narrarle a Mosley esta bravata, le explicó que esa misma noche habían encontrado al Gran Rabino muerto. Por supuesto, tal como nos aclara Sir Oswald, el Duce nada había tenido que ver con ese fallecimiento, pues se trató de una muerte natural que en el parecer de Mussolini mostraba que no se podía ir por el mundo con semejantes insolencias porque al poco podía uno estar criando malvas. “¡Qué insolente!”, fue la expresión que utilizó Il Duce para describirle a Mosley la actitud del Gran Rabino. El sentido del humor de Mussolini se pecibía en ese “¡…y por la noche se lo encontraron muerto!”.

Sir Oswald escribe, asimismo (capítulo 19 de “Mi vida”), que su cuñada Unity Mitford, amiga de Hitler, describe al führer como a un hombre que, en las fiestas privadas, era capaz de imitarse a sí mismo. Al parecer Hitler tuvo una época de fumador y él mismo, en el momento de aprestarse a fumar, hacía una parodia del ritual de fumador de las clases altas, de maneras y espíritu decimonónicos, liando el cigarrillo y lamiendo el papel. Para Mosley (y en consonacia con los tratados de psiquiatría) esto aleja a Hitler del perfil paranoico, pues el paranoico es una persona insegura de sí misma, con complejos y manías persecutorias, y su inseguridad está reñida con el autoimitarse y el mofarse de sí mismo (del guasearse de su débil personalidad).

Esperemos que hayan servido estas conclusas líneas para rendir tributo a un hombre de gran talla y de gran recorrido político: Sir Oswald Mosley.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com