BREXIT, las causas para la salida del Reino Unido de la Unión Europa

Posted in Eduard Alcántara, Política, Sociología on agosto 6, 2016 by vitamilitiaest

Sin duda serán variadas las razones por las cuales una mayoría de ciudadanos británicos decidieron, en fecha 23 de junio, que el Reino Unido abandonase la Unión Europea (British exitBrexit-: ‘británicos fuera’). A la hora de depositar su “no” en las urnas, entre tanto votante unos esgrimirían motivos diferentes a los defendidos por otros, pero sin duda unos argumentos resultarían más concurrentes que otros. Y, sin discusión, hubo uno que resultó determinante y no fue otro que el de pensar que con la negativa a continuar siendo miembro de la Unión Europea (U.E.) se detendrían (o al menos disminuirían) los flujos inmigratorios que tal Estado (como la mayoría de los miembros de la U.E.) ha sufrido y sigue sufriendo. Pues se vivía como una imposición, realizada por las instituciones rectoras de este organismo supranacional, el haber, p. ej., de aceptar cotas de “refugiados” provenientes de países en guerra, como, sobre todo, Iraq y Siria. La percepción, entre amplias capas de la población británica, de que el Reino Unido ya soporta, desde hace décadas, una excesiva cantidad de población alógena y la convicción, para más INRI, de que esta población, básicamente no europea, se hace con la inmensa mayoría de benefits (de ayudas) que las instituciones británicas otorgan han venido provocando una creciente preocupación hacia el tema de la inmigración. Es un hecho contrastable, no tan sólo en el Reino Unido (R.U.) sino en todos los países miembros de la U.E. (especialmente entre los occidentales), que el grueso de las ayudas sociales que en materia de educación -gratuidad de la enseñanza, becas para comedores, material escolar,…-, vivienda -adjudicación de pisos de protección oficial, ayudas económicas para el pago de hipotecas o alquileres o para el de las facturas de agua, luz y gas,…- o ayudas varias a la maternidad tienen a la población no autóctona como destinataria. Este agravio comparativo se percibe de manera más sangrante en épocas de crisis económica. Se palpa como una injusticia de difícil comprensión …y se palpa así en el R.U., pero también en Alemania, en Francia, en Bélgica, en Holanda, en Dinamarca, en Austria, en Suecia o en Grecia; se percibe de igual modo, pues, en el conjunto del ámbito comunitario europeo. En muchos de estos países ya existen elevados porcentajes de población que consideran o empiezan a considerar a sus gobernantes como, en el mejor de los casos, a alguien que ha hecho dejadez de funciones en cuanto a la defensa de los intereses de las gentes originarias (desde hace muchas generaciones) de dichos países. Los hay que consideran a su respectiva clase política dirigente como a simples peleles de las instituciones rectoras del ente comunitario europeo. (Habría que ver, nos preguntamos nosotros, si hasta estos mismos dirigentes de la U.E. no actúan al son de los dictados marcados por conciliábulos situados en las penumbras, e incluso en las sombras, del acaecer ordinario aparente. Habría que preguntarse si los Club Bildeberg, los Consejo de Relaciones Exteriores, los Comisión Trilateral, los Club de Madrid,… no se hallan tras las decisiones tomadas por el Consejo Europeo o la Comisión Europea. Habría, incluso, que indagar sobre qué colectivos o personas manejan realmente estas ‘ instituciones en la sombra’). Los ciudadanos de un país aspiran a que éste sea soberano y se sienten heridos en su orgullo y hasta en su dignidad si en su dirigencia política no ven más que a marionetas de poderes transnacionales. Una mayoría de británicos no quiere que se prolongue este status de sumisión y por eso, en gran medida, mostró su negativa, en las urnas, a que el R.U. siguiera siendo miembro de la ‘Europa de los 28’.

Es muy dable constatar que no sólo motivos de índole económico han empujado a tantos británicos a emitir un veredicto negativo en las urnas el pasado 23 de junio. No sólo la indignación ante el hecho de que la mayoría de ayudas sociales caigan en manos extranjeras o el enojo a que mientras tantos autóctonos no encuentran trabajo muchos foráneos o hijos de foráneos sí tienen un puesto de trabajo. No sólo, pues también muchos británicos en particular y muchos europeos en general parecen estar despertando de un largo letargo que les había, prácticamente, hecho olvidar sus anclajes con la tierra que les vio nacer, sus vínculos culturales con el país al que también pertenecieron sus antepasados, sus raíces, su identidad, su arraigo, su origen. Y este despertar les empieza a tomar conciencia de que su esencia, su idiosincracia, su cultura, su manera de estar en el mundo y entender la existencia e incluso la espiritualidad (para aquéllos que, en un mundo tan relativista y materialista, todavía no le han dado la espalda a ella) no sólo contrastan sino que hasta chocan con el ser de los hombres venidos allende de Europa. Es más, su esencia, su talante y su modus vivendi se hallan incluso en las antípodas del ser y del actuar del paquistaní, del magrebí, del subsahariano o del jamaicano que habita en su mismo suelo. Este incipiente despertar les empieza a ser capaces de ver que su identidad en particular -como persona- y la de su país en general se hallan en serio peligro de extinción si el crecimiento de la población alógena continúa al ritmo de las últimas décadas; ritmo que se debe a dos factores: los flujos inmigratorios que no cesan y el mayor índice de natalidad que tienen en comparación con el de la población originaria del país.

Ante estos peligros tan flagrantes han surgido, a lo largo y ancho del territorio europeo, plataformas, entidades y partidos políticos que han alzado la bandera de la defensa de la identidad y de la no desaparición, no sólo cultural sino hasta física, de la realidad autóctona y han ido creciendo en apoyo social y en apoyo en los comicios electorales. Algunos de estos partidos hace ya décadas que fueron fundados pero su crecimiento se ha hecho más patente en los últimos años. Unos son más conscientes, y otros menos, de dónde hay que retrotraerse para identificar el/los verdadero/s agente/s y/o instituciones y cenáculos que se hallan detrás de toda esta trama que porfía por debilitar -en su conciencia, en sus valores y hasta en su misma supervivencia física- el tejido humano original de cada nación. Otros partidos son menos conscientes de cuáles son estas causas últimas, pero todos suponen un intento, cada vez más serio, de frenar el declive de Europa. Los hay con bases doctrinales sólidas y nítidos planteamientos (como Amanecer Dorado en Grecia o Jobbik en Hungría), los hay más atemperados (como el Front National en Francia, el Partido de la Libertad en Austria, la Lega Nord en Italia, el Vlaams Belang en la Bélgica flamenca o Alternativa por Alemania) y los hay con bases doctrinales que en ocasiones interfieren con las del nefasto liberalismo (que es uno de los motores del actual proceso antiidentitario mundialista), tales como el Partido por la Libertad en Holanda, el Partido Popular de Dinamarca, Demócratas de Suecia, Verdaderos Finlandeses o el UKIP en el R.U.; o, fuera de los países miembros de la UE, la Unión Democrática de Centro, en Suiza. Pero todos ellos con fuerte implantación y altos réditos electorales, frutos, ambos, del cada vez mayor descontento de la población europea hacia el proceso de laminación cultural y étnica que el mundialismo, siniestramente o por inercia disolvente, está llevando a cabo (y no sólo en Europa sino a escala mundial).

Este sector de la población europea que despierta del largo sueño de las “bienaventuranzas” de la filosofía del ‘ciudadanos del mundo’, del mestizaje cultural y físico, del melting pot de lo indiferenciado, del cosmopolitismo homogeneizador de las riquezas de un mundo múltiple y de la globalización que no entiende de identidades no percibe -ese sector de la población europea- una amenaza, p. ej., en el hispanoamericano que, con una cultura muy cercana a la europea y con -incluso- antepasados arribados a América desde el Viejo Continente, se ha instalado en Europa, sino que percibe un serio peligro en el musulmán irreductible a cualquier otra cultura (e incluso agresivo hacia ella) o en otras gentes tan alejadas del talante, del sentir, del palpitar y hasta de los tempos vitales propios de las gentes de Europa. Este sector de la población europea ha podido constatar la evidencia de que ciudadanos con la nacionalidad propia del país en el que residen y que son incluso de 3ª generación (esto es, que fueron sus abuelos los que desde fuera de Europa inmigraron hacia el Viejo Continente) siguen sin integrarse en el mismo y, es más, muestran un rechazo al país en el que viven que no manifestaron, en su momento, los padres de sus padres.

Sin duda, la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de este sector concienciado de la población europea ha sido la de la presente crisis de los “refugiados”, pues se hacen difícil de digerir nuevos flujos masivos de población (sólo en Alemania alrededor de un millón durante el último año), que además es mayoritariamente de credo musulmán (los “refugiados” cristianos cruelmente perseguidos en Siria y en Iraq, por el Estado Islámico representan un porcentaje ridículo), que han sido rechazados por los más cercanos -geográfica y confesionalmente- países del Golfo Pérsico (Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos,…) y que han sido -y son- un coladero de terroristas del ISIS con intenciones de atentar en Europa (como ha ocurrido ya en casos como los de los atentados de París en noviembre de 2.015).

Ante este estado de cosas, ¿alguien se sorprende todavía del reciente resultado del referéndum británico?

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

PRÓLOGO. “EL MITO DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA ANTIGUA GRECIA”

Posted in Eduard Alcántara, Historia, Sociología on julio 10, 2016 by vitamilitiaest

 

La lectura de este libro se hace de obligado cumplimiento para triturar una de aquellas grandes falsedades que ha ido tejiendo la modernidad en torno a la supuesta generalidad de las prácticas homosexuales en la antigua Grecia y de lo más que aceptado que, en ella, estarían dichas prácticas.

Todo ha contribuido, y contribuye, a la propagación de tamaña patraña. Todo empezó, tal como el autor de esta obra nos explica, de la mano de una pléyade de autores decimonónicos que, en el contexto de la Inglaterra victoriana, empezaron a propalar sus peculiares interpretaciones de la historia de la antigua Grecia en base a una especie de leit motiv sobre el que no paraban de hacerla girar; leit motiv que no era otro que el de la supuesta caudal importancia que el fenómeno homosexual habría tenido en sus formas de vida, costumbres, prácticas, maneras de proceder, mitos religiosos, unidades militares, literatos, pensadores y políticos.

El autor nos aclara cuáles fueron las tácticas utilizadas por estos distorsionadores autores. Así, entre éstas destacó la de crear una especie de rumorología que se basaba en no afirmar sus mentiras sino en dar a entender que los hechos y los textos analizados parecían conducir, como conclusión, a la realidad de la extensión de lo homosexual en el seno de aquella civilización. Por esto -nos va comentando nuestro autor- expresiones como la de “parece ser…” representaban un lugar común en sus tergiversadores trabajos.

No se atrevían a aseverar sus falacias por temor a la reacción que pudieran provocar por parte de una sociedad tan puritana como la victoriana que les tocó vivir. Pero el mal ya estaba hecho: los rumores ya se habían lanzado y ya se sabe lo cierto del dicho castellano del “difama que algo queda ….

La eficacia manipuladora de la manera de proceder de estos autores resulta incuestionable, a pesar de que sus “descubrimientos” no tenían otras bases que la de la elucubración abracadabrante, la suposición y la deducción subjetiva y caprichosa que realizaban a partir de hechos, realidades y escritos de la antigua Grecia.

Nuestro desenmascarador autor nos ejemplariza lo manipulativo de las interpretaciones realizadas por aquellos mixtificadores a través del análisis diseccionador de diversos textos clásicos de peso tal como, p. ej., “El banquete”, de Platón. Contrapone las interpretaciones tergiversadoras con un análisis serio, riguroso y lógico de lo que dichos textos expresan y consigue, con este proceder, poner en la más total evidencia a los ´amigos de la mentira´.

´Amigos de la mentira´ que, por desgracia, han tenido continuidad en épocas posteriores a la del inicio de la falsedad objeto de estudio en esta obra, pues otros tomaron el relevo para que el inicial daño hecho no acabara en el olvido y pudiera continuar gangrenando la ciencia histórica.

Sobre todo ha sido en las últimas décadas cuando más se ha visto potenciada esa mentira iniciada, básicamente, hace siglo y medio. No nos ha de extrañar lo más mínimo que esto haya sido así, pues no en vano nos hallamos sumergidos en lo que todas las doctrinas y textos Sapienciales de la Tradición denominaron como ´fase crepuscular´ del ya de por sí oscuro Kali-yuga al que se referían los textos védicos; Edad de Hierro hesiódica o Edad del Lobo según las sagas nórdicas. Julius Evola la calificó como la de la hegemonía del ´Quinto Estado´ (en el que se erige como protagonista un ´hombre fugaz´ variable hasta lo absurdo e insaciable en sus apetitos materiales) y autores como Marcos Ghio la han denominado como la ´Edad del Paria´.

En estos tiempos abisales que corren no nos ha, pues, de extrañar el que continuamente se nos esté hablando sobre el “paraíso homosexual” que, según los ´amigos de la mentira´, suponía la antigua Grecia. Se nos habla de ello en libros, en “revistas sobre historia”, en la televisión y se hace, además, aprovechando cualquier ocasión (aunque no venga mucho, o nada, al caso) para ahondar en el bulo y propagarlo aún más.

Bien nos dice el autor que al vivir en un tiempo en el que cualquier atisbo de virilidad es zaherido y atacado por patriarcal, “machista” y hasta ´fascista´ y, complementariamente a esto, todo signo de feminismo antinatura y de homosexualidad es ensalzado y promovido como deseable (hasta el punto de haberse provocado, en este estado de cosas, la proliferación gigantescamente anómala de congéneres nuestros que se declaran homosexuales) no falta nunca, por esta razón, quien aprovecha para contribuir con su sucio grano de arena al engrandecimiento de esta falsedad histórica.

Nos acerca, también, nuestro autor a la constatación de la existencia de ese tipo de visión mutilada de la realidad que es propia de muchos homosexuales en el sentido de que llegan a casi no concebir otra realidad que no sea la homosexual. Por este motivo creen ver gente de su condición sexual (según ellos, si no declarada al menos sí en estado latente…) en todo tipo de personajes (históricos o actuales) y en todo tipo de gente corriente. Y es que como reza el refrán “se cree el ladrón que son todos de su condición”.

Es tal la fortaleza que, en la actualidad, los homosexuales han desarrollado que se han constituido en un auténtico lobby de presión que, por el gran poder que detenta, acaba imponiendo muchas de sus propuestas, muchos de sus gustos, muchas de sus percepciones y muchos de sus montajes; como éste de la presunta extendida y preponderante homosexualidad en la antigua Grecia.

Nuestro autor nos señala el cómo antes que una sociedad eminentemente homosexual hemos de considerar a la griega antigua como justo lo contrario, pues aquella sociedad tuvo unos pilares institucionales y existenciales fuertemente viriles. Las ´sociedades de hombres´ constituyeron su pulso vital y su alma. Estas sociedades fueron de espíritu eminentemente guerrero y en ellas el elemento femenino (y lo feminizante) estaban ausentes en la vida pública. Se establecían, por ello, fuertes vínculos -viriles, obviamente- entre hombres que compartían milicia, así como entre veteranos y noveles y entre instructores y “reclutas” como si de maestros y discípulos se tratase. Las escuelas y academias de índole no militar también basaban las enseñanzas que en ellas se impartían en esta relación entre maestro y discípulo. Sólo las mentes enfermizas y la mirada distorsionada del enajenado y decadente hombrecillo moderno querrán ver otro tipo de relación, que por el tipo de sociedad de la que hablamos (viril), no tenía cabida.

Para desenmascarar el bulo este libro desmenuza diversos pasajes de la mitología griega, analiza citas de los clásicos griegos, nos recuerda el ofensivo vocabulario que se utilizaba contra los homosexuales en las comedias teatrales, relaciona las prohibiciones civiles de que eran objeto los que practicaban la homosexualidad (so pena, incluso, de poder ser ejecutados si no cumplían con ellas) o nos especifica cómo en Esparta el destino que deparaba para quien mantuviese relaciones homosexuales era el destierro o la muerte. Asimismo denuncia la manipulación burda del lenguaje que se ha realizado para traducir vocablos de textos clásicos (como del referido “El banquete”, de Platón), de manera que, p. ej., para lo que, referido al ´Batallón Sagrado´ o ´Banda Sagrada´ de Tebas, debería traducirse como ejército de ´maestros y alumnos´ se convierte, como por arte de magia, en ejército de ´amantes y amados´… o lo que debería ser ´muchacho´ se traduce como ´muerde almohadas…´.

Esta obra indispensable no delega, tampoco, el cometido de poner en evidencia a quienes han querido ver relaciones homosexuales en personajes capitales de la historia o de la mitología griegas, ya fueran hombres, héroes o dioses. Fulmina, sin dejar pábulo a ningún atisbo de duda, las ridiculeces vertidas entorno a emblemáticos duos como los formados por Aquiles y Patroclo, Apolo y el príncipe espartano Jacinto o Alejandro Magno y Hefestión.

Nuestro autor también aporta datos incuestionables basados en la más pura y elemental matemática, como aquéllos que hacen referencia a cantidades y porcentajes de escenas representadas en vasijas halladas de aquella época que pudieran dar pie a las fabulaciones de los ´amigos de la mentira´.

No falta tampoco, en este libro, un vapuleo contra la radical y sangrante deformación que se ha hecho alrededor de la realidad concerniente a la isla de Lesbos y a la academia que en ella fundó la poetisa Safo. Con este vapuleo el lesbianismo se queda también huérfano: sin uno de sus grandes mitos.

Muy acertadamente nuestro autor denuncia la ofensiva emprendida por el mundo moderno (a través de sus voceros y portaestandartes) para destrozar todo lo mucho que de elevado, ejemplar y formativo se puede rastrear en el mundo de nuestros ancestros con el deletéreo objetivo de dejarnos sin referentes ni raíces genuinos para así más fácilmente igualar -en lo superfluo y vanal- a unos pueblos con los demás y sumirlos en el más gregario y abyecto cosmopolitismo en el que, gracias a este siniestro proceder, se ha acabado, a día de hoy, por abocar a este autómata mundo desarraigado y globalizado en el que sus habitantes ya sólo se mueven bajo los impulsos incontrolables que provocan la sed insaciable del consumismo y el apego más primario a la realidad material.

El mundo precristiano -como en el que se inscribe la Grecia antigua- no reprobaba actividades, conductas o maneras de ser guiado por ese tipo de moralismo que en torno a la idea de pecado es consustancial a religiones como las del Libro, sino que la reprobación a actividades como las de la homosexualidad venía dada por lo que ésta supone de alteración de lo que dicho mundo precristiano consideraba la ´normalidad´. Normalidad entendida en el sentido de armonía social (que no era posible, a su atinado entender, en el contexto de las relaciones homosexuales). Y armonía social -y, por ende, política- que pretendía ser un reflejo (aquí abajo, en el microcosmos) de la armonía y el equilibrio que reina en el macrocosmos -en lo Alto.

Quizás no con la misma intensidad y semejante ahínco con que los ´amigos de la mentira´ se han cebado con respecto a la antigua Grecia pero sí por las mismas razones y con las mismas disolventes finalidades la antigua Roma ha sido también -y es- objeto de tergiversaciones similares a las denunciadas en este libro. Tenemos claro el que de haber podido existir episodios -en el transcurso de ambas civilizaciones- en los que las prácticas homosexuales no se hubieran topado con la reprobación social y/o política, estos episodios habrían, sin duda, correspondido a su ciclo de declive: a su período de decadencia; o al período de decadencia de alguna de sus etapas o, en el caso concreto de Grecia, de algunas de sus polis. Hablaríamos, así, de instantes concretos, puntuales y terminales que se hallarían en las antípodas de lo que ambas civilizaciones representaron. De todos modos, todavía estamos esperando a que nos muestren (sin mentiras) el que incluso en estos períodos decadentes la homosexualidad hubiese tenido carta blanca y hubiese contado con la aprobación pública y el reconocimiento general.

Y, repetimos, en el hipotético caso de haber existido momentos en los que la homosexualidad hubiese contado con el beneplácito de las sociedades griega y/o romana no habría más que aplicarle a los falsarios el mismo implacable argumento que se les podría espetar con respecto a la historia de, p. ej., países como España, pues ¿quién -con la misma desvergüenza manipuladora de los ´amigos de la mentira´- no podría, en un hipotético futuro en el que España no existiese como entidad política ni cultural, referirse a la historia de nuestro periclitado país en los mismos términos de ´paraíso homosexual´ -que nuestro autor, tan acertadamente, reputa como categóricamente falsos para la Grecia antigua- y quién no podría referirse a ella en estos términos echando mano del actual estado de cosas tan lamentable en el que existencialmente se encuentra este nuestro país y en el que, en efecto, los homosexuales ocupan un lugar de privilegio y sus prácticas sexuales son -nos atreveríamos a afirmar- alabadas y aun promovidas? Pero, ¿quién podría verter dichas afirmaciones obviando que esta anómala situación fue propia sólo de algunas decadentes décadas de la historia hispánica (¿tal vez las últimas de nuestra historia…?) y no fue propia de la mayor parte de ella?, pues, como botón de muestra, resulta ilustrativo al respecto el recordar las hogueras a las que eran destinados, en las plazas públicas, aquellos que en otras épocas practicaban la homosexualidad: la Plaza Mayor de Madrid fue testigo, por ejemplo a lo largo del s. XVII, de muchas de estas crueles cremaciones…

Pero mejor demos paso a la sustanciosa lectura de este libro.

Eduard Alcántara

EL ESTADO DE LA NACIÓN ESPAÑOLA

Posted in Eduard Alcántara, Política on febrero 5, 2016 by vitamilitiaest

Otrora un faro para buena parte del globo resulta patético el papel de comparsa que la nación española asume en los aconteceres mundiales de hoy en día. Sea como fuere no se trata de ningún status de carácter excepcional éste propio de España en el concierto de las naciones de nuestro orbe sino que representa la norma general, pues se baila, generalmente, al son que tocan los Estados Unidos de América. Unos EE.UU., por otro lado, cuya dirigencia política no está al servicio de su pueblo ni le representa sino que es fiel cumplidora de los designios trazados por su lobby financiero; especialmente desde que su competencia monetaria fue privatizada en 1.913 con la creación de la Reserva Federal. Como, repetimos, España no es un rara avis en estos menesteres de política exterior no es en ellos en los que nos vamos a detener sino en los de sus asuntos, trasiegos, situaciones y devenires internos. No obstante lo cual no se vaya nadie a pensar que lo que ocurra en el solar hispano vaya a ser sustancialmente distinto de lo que suceda en los otros países del llamado Occidente …menos aún en pleno apogeo de la globalización y del mundialismo.

¿Cuáles son los principales azotes que padece en la actualidad nuestra sufrida patria? Pues, quizás, para empezar a otear, primero, y analizar, después, cuáles son no estaría mal el remitirnos a una cita que allá por los convulsos años ’30 de la pasada centuria rubricó José Antonio Primo de Rivera cuando señalaba que “España ha venido a menos por una triple división, por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos políticos y por la división engendrada por la lucha de clases”. Repasemos, pues, las palabras del fundador de la Falange como punto de referencia para abordar nuestro análisis sobre la situación de España.

En un anterior escrito ya tratamos el caso del sangrante separatismo existente en un sector de la población catalana, sus causas, su devenir, sus protagonistas y sus arteras manipulaciones demagógicas tanto en materia económica como en histórica. Por desgracia este mal casi ya endémico afecta a más porciones del territorio español. Más conocido es el enquistado en las Provincias Vascongadas y no tan conocidos son otros -eso sí, en menor proporción- como el del caso gallego o el navarro. Y aunque en menor escala también encontramos esta pandemia secesionista entre sectores de las Islas Baleares, de la Comunidad Valenciana y hasta en la cuna -Asturias- de la Reconquista cristiana del territorio que durante casi ocho siglos ocupó el Islam allá en la Edad Media. O en la mismísima Castilla (Izquierda Castellana) o en Andalucía (Andalucía Nación) encontramos colectivos (eso sí, minoritarios) que bregan por la ruptura con el resto de España. No nos vamos a detener en los motivos de este carrusel separatista pues son, en parte, extrapolables (en sus razones de fondo, no de forma ni de especificidades) a los explicados en el artículo dedicado al caso catalán.

Obvio resulta que esta “división engendrada por los separatismos locales” a la que aludía José Antonio está, por desgracia, plenamente vigente.

¿Y qué decir acerca de “la división engendrada entre los partidos políticos”? Pues, señalar que desde la restauración, en la segunda mitad de los años ’70 del siglo XX, de la partitocracia liberal a España le ha sucedido lo mismo que a cualquier otro país en el que se dé este sistema inorgánico de representación …es decir, le ha sucedido otro tanto que a la inmensa mayoría de las naciones de nuestro planeta: se han acabado de desestructurar y descohesionar socialmente (si ya no lo estaban por venir algunos del comunismo, al que en algún paradigmático caso, como el de Rusia, habían llegado directamente desde una sociedad de tipo no liberal). Cuando los cuerpos intermedios de una sociedad (gremios, hermandades, cofradías, colegios profesionales,…) han dejado de existir -y el vacío dejado sólo es ocupado por los partidos políticos- su tejido social desaparece para dar paso a un tipo de sociedad individualista, atomizada, egoísta, despersonalizada y fácil pasto de las tropelías, abusos, injusticias y arbitrariedades del “libre mercado” y de los intereses económicos de la alta finanza, de los oligopodios, de las multinacionales, de los trusts, de los monopolios y de la legislación aprobada -con el objeto de servir a los intereses de todos estos grupos fácticos de presión- por la clase política dirigente sumisa y títere de esos centros y núcleos de poder.

Las consecuencias de la dinamitación de los remanentes que pudieran quedar de las antiguas Sociedades Tradicionales son múltiples y variadas y van desde la alienación mental de la persona vaciada de tradición, de raigambre, de cometido social y de identidad, siguiendo por su fácil instrumentalización y manipulación al servicio de la economía de producción y consumo, continuando por la pérdida de sus específicos derechos sociales y civiles (que otrora detentaba al ser parte integrante de alguno de los cuerpos intermedios citados), pasando por la desestructuración del conjunto de la sociedad, continuando por el quebrantamiento de la armonía social provocado por las rencillas, odios, resquemores, banderías y rencores originados por los partidos políticos en disputa insolidaria y continua entre ellos y acabando por la inoperancia y la falta de resultados provechosos para la comunidad que provocan unas dinámicas electorales que acarrean, por ejemplo, la eliminación de las obras llevadas a cabo por el anterior partido en el poder; obras siempre de poco alcance y aun más de menor envergadura e importancia estratégica dado que se trata de que puedan finalizarse antes de que acabe una legislatura para poder, así, “venderlas” al electorado y publicitárselas como reclamo para obtener su voto.

La tercera división que al decir de José Antonio había provocada la venida a menos de España aludía a la “engendrada por la lucha de clases”. Lo que toca advertir al respecto es que, en efecto, en la década de los convulsos años ’30 del s. XX en los que el problema fue denunciado por el primer Jefe Nacional de F.E. la lucha de clases resultaba terriblemente descarnada en España hasta el punto de convertirse en una de las principales causas que provocó la Guerra Civil (1.936-39), pero no es el caso en los tiempos que corren, pues, para empezar, la clase obrera hace mucho que desistió de cualquier tentativa revolucionaria, no por desesperanza en que pudiera triunfar sino porque sucumbió a los cantos de sirena del consumismo en el que se sustenta el capitalismo liberal y aspiraron (y aspiran) sus miembros a formar parte de la clase burguesa y/o porque sencillamente el obrero fue adormecido (y así sigue como, por otro lado, el resto de clases sociales) con los estupefacientes -en forma de entertainment, de espectáculos de masas y de tele basura varia- que le suministró (y sigue suministrando en modo creciente) el Sistema.

En todo caso cabría añadir una cuarta división que no existía en época del insigne e incomparable José Antonio: a saber, la motivada por la irrupción masiva, desde hace un par de décadas, de población alógena en suelo hispano. Millones de inmigrantes que en nada se identifican con las esencias de España y que nunca remarían al unísono en un proyecto común que aglutinara al pueblo español. No hablamos de esas gentes provenientes de países como Argentina o Uruguay (de pasado europeo más o menos remoto) que ni antropológica ni culturalmente resultan disímiles al ser de España. Éstos se suelen integrar -sin renunciar a su orgullo de ser argentino o uruguayo- de modo natural en nuestro país. Nos referimos, por contra, a poblaciones venidas de otros confines y latitudes que en unos casos difieren del sustrato antropológico del español medio y, por ello, sus usos, sus pulsiones y sus ritmos vitales colisionan con los de la población autóctona o nos referimos, todavía más, a gentes que ya no sólo étnicamente sino ni tan siquiera religiosamente -y, por ende, culturalmente- presentan puntos en común con lo que desde siglos profesó espiritualmente el habitante de la Península Ibérica. Más de un millón setecientos mil musulmanes viven en España. Proceden de países como Marruecos, Argelia, Senegal o, entre otros muchos, Paquistán. La cifra irá en aumento por su alta tasa de natalidad y por los incesantes flujos inmigratorios. En muchos lugares su influencia se está ya dejando notar: hay centros escolares en los que no se sirve comida procedente del cerdo para no entrar en conflicto con los hábitos alimenticios de los escolares musulmanes o en los que no se celebra la Navidad para no “discriminar” a este tipo de alumnos. En bastantes municipios el alumbrado con motivos navideños ha dado paso a un tipo de alumbrado neutro… En fin, que esta cuarta división está relegando al ostracismo lo que aún pudiera quedar de esperanza de restitución de nuestro país.

Sea como fuere a la arribada masiva de inmigrantes se suma el depauperado, alienado y disoluto español de origen. Guiñapo pergeñado, tras décadas de infame labor de ingeniería social, desde las instancias del poder, desde los mass media, desde las terminales “culturales” del Establishment y desde el Sistema “Educativo” y que, como muestra un botón, ha hecho de España el ostentar el “honor” de ser el líder mundial en consumo de cocaína, cuadruplicando, a su vez, la tasa de consumo de la media de la Unión Europea. Igualmente resulta harto significativo del desconcierto social que se padece el que cada año se produzcan más de 100.000 rupturas matrimoniales. Y resulta aterrador el saber que desde 1.985 se han practicado más de 2.000.000 de abortos.

En fin, que el estado de la nación española es el de un paciente que se encuentra más que enfermo… ¡en estado casi terminal!

EDUARD ALCÁNTARA

eduard_alcantara@hotmail.com

 

SEPARATISMO EN CATALUÑA: CRÓNICA DE UNA DESLEALTAD

Posted in Eduard Alcántara, Política on enero 16, 2016 by vitamilitiaest

Lo que está ocurriendo de un tiempo a esta parte en nuestra tierra catalana responde a causas de diversa índole y nos resulta un fenómeno para nada inesperado. Sumergirse en sus motivos nos conduce a considerar diversos enfoques y vectores.

A lo largo del s. XIX surgió en Cataluña un movimiento, básicamente cultural, conocido bajo el nombre de Renaixença que abogó por el relanzamiento, en particular, de la literatura en catalán y, en general, de la propia cultura. Más de un siglo, en España, de centralismo borbónico ilustrado e uniformizante (que se inicia a partir de la definitiva victoria de las tropas borbónicas, en 1.714, durante la Guerra de Sucesión Española) no habían, precisamente, favorecido el brillo de la cultura en catalán. De todos modos habría que sumar, por lo menos, dos centurias más atrás (coincidiendo con el fin del Medievo) de pronunciado erial por lo que a la literatura en catalan se refiere. Loable, resulta, por estos motivos, el intento de ese movimiento -la Renaixença-, propio del romanticismo, por restituir brillo al catalán escrito. Y reseñable, por el tema que nos ocupa, es el que no se revistiera en ningún momento de connotaciones antiespañolas, sino todo lo contrario, pues, en lo cercano a lo político, un sano regionalismo profesante de lealtad e identificación con la casa común española acompañó esta corriente literaria y cultural. Un regionalismo prohispano que no se hallaba lejos de lo que en períodos preborbónicos (como los dos siglos -XVI y XVII- de reinado de los Austrias o Habsburgos) constituyó la vertebración de la Corona de España …a saber: la unidad en la diversidad, la unión en la pluralidad, el concepto de las Españas (que se extendía al resto de las posesiones extrapeninsulares del hegemónico Imperio Español), la descentralización del poder político y económico o la continuidad de las antiguas instituciones (como, en el caso catalán, del Parlament catalán, la Diputació del General o Generalitat o el Consell de Cent municipal de la ciudad de Barcelona) por las que se rigieron los diferentes reinos y coronas que existieron en la Edad Media antes de la unificación de España bajo el reinado de los Reyes Católicos a fines del S. XV. Un regionalismo prohispano que tampoco distaba mucho (en su concepción organizativo-administrativa) de la España foral (reiteramos, aquella de los austrias) que reclamaban los tradicionalistas-carlistas durante el mismo s. XIX y que llevaron, incluso, a las tres Guerras Carlistas por las que pasó la España decimonónica en las que se enfrentaron a los liberales.

Las sociedades tradicionales eran sociedades de cuño orgánico y las organizaciones políticas en las que éstas se incluían lo eran de tipo foral. Por contra las sociedades centralistas, uniformizadas, jacobinas, inorgánicas, individualistas y atomizadas son propias del desarraigado y disolvente moderno que nos ha tocado vivir, sobre todo a raíz del triunfo del liberalismo. Por ello la Renaixença no contuvo elementos criticables desde el punto de vista del tipo de lealtad a España.

El paso de ese más que comprensible regionalismo al nacionalismo catalán empezará a acaecer en la segunda mitad del s. XIX entre determinados sectores de la burguesía industrial catalana, quejosos con el Estado español por la reducción del proteccionismo a los productos manufacturados españoles, tal cual estableció el llamado “Arancel de Figuerola” en 1.869 …proteccionismo que perjudicaba especialmente al tejido industrial catalán, uno de los más pujantes de la España de entonces. Fueron, pues, los intereses económicos de la clase burguesa los que alentaron los primeros conatos de deslealtad hacia el resto de España, bien pertrechados -estos primeros conatos- por la obra de intelectuales como Valentí Almirall, quien, como muestra de sus motivaciones políticas, encabezó, en 1.885, una acción reivindicativa del proteccionismo de la burguesía industrial catalana. Es, pues, de puro egoísmo materialista de lo que estamos hablando. 

A pesar de esta deriva nacionalista en Cataluña son muchos los intelectuales catalanes que, en aquella época, siguen fieles, dentro del mentado regionalismo, a su compromiso con la casa común española. Así, brillan con luz propia los Torras y Bages, los Jacint Verdaguer (con su “Himne Ibèric” o su elogio del descubrimiento y conquista de América en su “Atlàntida”) o los Joan Maragall (con su “Oda a la Pàtria” -española, claro está).

La fidelidad a España de la inmensa mayoría del pueblo catalán resulta con el paso del s.XIX al s. XX, todavía incontestable: se producen, p. ej., movilizaciones totales en todos los rincones de Cataluña (en forma de donativos económicos y de todo tipo de productos alimenticios, de ropa,…) de ayuda a los contingentes del ejército español que parten hacia la isla de Cuba para luchar contra los insurrectos independentistas cubanos y contra las invasoras tropas estadounidenses que pretenden sustraer la isla al domino español. Los soldados catalanes que, tras la pérdida de Cuba, regresan a Cataluña son recibidos, en el puerto de Barcelona, por una multitud enfervorizada que abarrota los muelles ondeando un mar de banderas de España. Los cuerpos voluntarios de civiles armados (el sometent o Somatén) y preparados para hacer frente a cualquier peligrosa eventualidad (tiempo atrás para hacer frente a bandoleros y por aquel entonces a toda laya de delincuentes y siempre a posibles ejércitos invasores) posan en cada municipio orgullosos con la enseña nacional española (la rojigualda). Se popularizan las Habaneres, canciones que cantan recuerdos de la presencia catalana en Cuba y hacen apología de la participación militar de los catalanes en defensa de la continuidad de la isla caribeña dentro de España. Hasta incluso, significativamente, todo pueblo catalán posee su Café Español…

Sin embargo, la tarea de zapa de aquella intelectualidad burguesa catalana y de ciertos politicos procedentes del mismo estrato social irá dando sus denostables frutos y consiguiendo, poco a poco, mayor apoyo social, sobre todo a raíz de la proclamación de la funesta II República en abril de 1.934. La manipulación de la historia catalana que pseudohistoriadores venían haciendo desde hacía décadas provoca el rechazo a la convivencia con el resto de españoles de cada vez más gente …gente a la que torticeramente y de manera aviesa y tergiversada se le ha hecho creer que la historia de Cataluña es la de unas gentes que han luchado siempre por separarse del proyecto unitario español y a las que una “tiránica” España no ha parado de reprimir, atacar, humillar y desnaturalizar.

Tras la irrupción del régimen liberal-partitocrático acontecida en España poco después del deceso del general Franco este victimismo basado en la prevaricadora alteración de la historia ha ido acrecentándose hasta límites inauditos. Nuevas víctimas y “mártires” catalanes de la “maldad” española se han ido añadiendo a la lista de agravios de los hacedores del separatismo. Caso bien significativo de ello es el del endiosado President de la Generalitat de Catalunya, desde 1.933 hasta 1.939, el masón Lluís Companys, fusilado en 1.940, tras Consejo de Guerra, por su responsabilidad directa e indirecta en tantos atropellos como se cometieron por inicativa suya o con su aquiescencia: unos, calculando a la baja, 8.129 catalanes sospechosos de desafección a la II República o simplemente por profesar la fe católica fueron asesinados en cunetas o fusilados tras pantomimas de juicios …muchos de ellos tras sufrir horribles tormentos en las numerosas chekas instaladas en territorio catalán; sólo en la ciudad de Barcelona funcionaron 43… algunas de ellas en manos de la sección paramilitar -los Escamots– del partido de Companys -E.R.C.- y de Estat Català. Se prohibió el culto católico (Companys se jactó ante la revista francesa L’Ouvre de que dicho culto no sería restablecido porque habían quemado todas las iglesias: 7.000 edificios religiosos fueron destruidos; y el 30% del clero catalán asesinado). En agosto de 1.936 creó las Patrulles de Control , que con total impunidad y nocturnidad arrancaban a ciudadanos -más o menos sospechosos por “desafectos”- de sus domicilios y familias y los asesinaban en cualquier cuneta,… Pues bien, por mor de los creadores de odio hacia España este siniestro villano criminal ha sido convertido en mártir del irredentismo secesionista.

La historiografía oficial del independentismo en Cataluña pasa de soslayo ante la evidencia de que uno de los bastiones del carlismo tradicionalista, profundamente español, durante el s. XIX fue precisamente Cataluña (junto a Vasconia y a Navarra).

Los hacedores de una Cataluña sin elementos comunes con el resto de España pretendieron transmutar incluso lo folclórico, volteando la preeminencia de los bailes y cantes de siempre (los que compartían con el resto de España -como la jota- o los que cuyo nombre -como el Espanyolet– les producía grima) para que en su lugar sólo existiese uno exclusivo del territorio catalán: la sardana.

Los hay quienes achacan el crecimiento del separatismo catalán postfranquista a la política oficial del Régimen de Franco, que prohibió el uso oficial del catalán y las instituciones de autogobierno aprobadas durante la II República. Desacertada, sí, e injusta política ésta. Sin duda no se le habrían brindado argumentos al victimismo nacionalista si se hubiese impuesto, durante el franquismo, la idea foral y descentralizada defendida por los carlistas (que fueron uno de los puntales del Bando Nacional que venció, en 1.939, en la Guerra Civil Española) o la misma iniciativa de propaganda política en bilingüe -en castellano y en catalán- que la Delegación Nacional de Propaganda, dirigida y compuesta por falangistas (Dionisio Ridruejo, Josep Maria Fontana o Ignasi Agustí), había preparado para el momento de la liberación de Barcelona por las tropas franquistas, pero esta iniciativa se topó con un no, sobre todo, del estamento militar. De todos modos estamos convencidos de que si se hubieran impuesto los proyectos de esos falangistas y/o las concepciones de la organización del Estado de los carlistas la estulticia de los manipuladores de la historia real se hubiese encargado de emponzoñar la realidad con sus mentiras descaradas y desvergonzadas, pues sólo hay que ver cómo silencian la existencia del buen montante de literatura en catalán que se desarrolló durante el franquismo, las obras de teatro que se representaron, los premios literarios que se dedicaron a las obras en catalán, las editoriales en esta lengua que surgieron, los programas de radio (y hasta de televisión) que se acabaron emitiendo en la lengua originaria de Cataluña,…; dicho sea todo esto sin dejar de reconocer, repetimos, lo injusto que resultó la marginación del catalan como lengua oficial y como lengua utilizada en el Sistema Educativo.

Según lo anunciado, en épocas remotas, en los textos sagrados y sapienciales de las grandes Tradiciones de Oriente y Occidente nuestros tiempos son los propios de la fase más decadente del periplo vital de la humanidad. Unos hablan de la Edad de Hierro (Hesíodo), otros del kali-yuga (los Vedas de la tradición hinduista) y otros de la Edad del Lobo (las sagas nórdicas de Europa). Visto el estado tan lamentable, disoluto, corrosivo y deletéreo del mundo en el que estamos insertos no vamos a ser nosotros quienes contradigamos esos ancentrales negros pronósticos. Vivimos en unos tiempos marcados por el más burdo y pétreo materialismo y éste conduce al individualismo y al egoísmo tanto en el ámbito de lo comunitario (los nacionalismos excluyentes de unidades superiores) como en el terreno de las personas, que convertidas en individuos no miran más que por sus intereses personales y/o materiales. Por ello no nos debe sorprender demasiado lo que está ocurriendo entre una parte del pueblo catalán. Pero no nos quepa duda de que en una hipotética Cataluña independiente los enconos entre los mismos actuales entusiastas del independentismo no tardaría en aflorar enfrentando, así, a catalanes de la ciudad de Barcelona con catalanes de las zonas rurales y/o con catalanes de las restantes provincias. Incluso enfrentarían a habitantes de los barrios más acomodados de la urbe barcelonesa con los de los más modestos. Todo bajo el argumento de que unos contribuirían con sus impuestos más que otros a la riqueza total del hipotético Estado catalán, pues la mezquindad que la priorización del dinero comporta y la, por consiguiente, monetarización del valor de la sociedad harían saltar chispas entre los otrora combatientes por la independencia de Cataluña. Y es que aparte del argumento pseudohistórico de la victimización de la “sojuzgada” Cataluña a manos del “opresor” Estado Español el otro leit motiv utilizado por el lobby separatista catalán se resume en una frase muy concurrente a la vez que deleznable: “Espanya ens roba!” (“¡España nos roba!”).

Lo cierto es que el problema del independentismo en Cataluña se halla, a día de hoy, muy enquistado y resulta de difícil solución, pues, aparte de la mencionada dinámica individualista de los tiempos que corren, con la consecución de la independencia muchos de sus actores políticos pretenden conseguir la inmunidad ante el latrocinio sistematizado que vienen cometiendo, desde principios de los años ’80 de la pasada centuria, en forma de cobro de comisiones del 3% del montante total de las operaciones por concesión, a empresas privadas, de obras y servicios en ayuntamientos y gobierno autonómico o en forma de corruptelas de índole variada. La numerosa familia Pujol (Jordi Pujol fue el President de la Generalitat de Cataluña desde 1.980 hasta 2.003) prácticamente al completo (al menos el patriarca y sus 5 hijos varones) está hasta el tuétano, judicialmente, enfangada por la corrupción y el ahijado político del ex President (el actual President Artur Mas, principal responsable de esta última gran deriva separatista) está también en el punto de mira de estos entramados corruptos. Por lo que, repetimos, parece que para éstos independencia es igual a impunidad.

Inmerso en la mediocridad que el liberalismo provoca en las sociedades en las que se impone. Inmerso en su modorra, en su falta de pulso y en su hastío cualquier atisbo de ilusión por saberse pertenecer a una comunidad resulta, llanamente, inexistente. En su seno no existen proyectos unitarios que animen a sus integrantes a formar parte entusiasta de la comunidad política. Si España no es capaz de enfrascarse en un proyecto que levante entusiasmos y que enorgullezca a sus integrantes los movimientos centrífugos disgregadores no van a dejar de aumentar (en Cataluña y en otras comunidades como la vasca, la gallega, la navarra y nos tememos que, cual efecto dominó, en la mayoría de las restantes). Elocuente, al respecto, es la frase que en el año 1.935 pronunció José Antonio Primo de Rivera afirmando que “amamos a España porque no nos gusta. (…) La amamos con voluntad de perfección”.

Cuando el proyecto común de un Estado no existe o es, en el mejor de los casos, insípido o, en el peor, lacayo de poderes internacionalistas nadie se motiva por formar parte del mismo y los más miserables y los cándidos e ingenuos engañados por éstos (engañados a base de victimismo y falsas promesas materiales de un mañana económicamente mejor como país independiente), no tardarán -todos ellos- en hacer como las ratas del barco que se va pique: abandonarlo las primeras.

Es mucha la animadversión y mucho el odio hacia España que durante tres décadas y media se ha ido inoculando entre la población catalana, empezando desde la más tierna infancia de tantos niños que han ido “educándose” en el rencor que desde los libros de texto de historia (de un Sistema Educativo que es competencia del gobierno autonómico) y desde los medios de comunicación subvencionados por la Generalitat se ha ido vertiendo contra la Patria común. Deshacer de las mentes de tantos tamaña agresión moral, intelectual y cultural se nos antoja casi, en el estado actual de cosas, tarea más que ímproba.

De todos modos tampoco hay que olvidar que las últimas elecciones autonómicas catalanas (presentadas por el Govern de Artur Mas en forma plebiscitaria) arrojó una mayoría de votos hacia partidos abiertamente contrarios al proceso rupturista o que no lo incluían en su programa político, por lo que una mayoría de catalanes no comulga con la deriva separatista y son muchos los que sienten con orgullo su condición, al unísono, de catalanes y españoles. Aunque también es cierto que el poder de movilización social y política entre los sectores separatistas es mucho mayor que entre los unionistas, quizás por el acicate que les supone a los primeros el bregar por una status político (el de la independencia) del que ahora no ”disfrutan”.

Sin ánimo de dilatar más este artículo sólo recordar, para no obviar lo más actual de la situación política catalana, que a día de hoy Cataluña tiene un nuevo President autonómico, Carles Puigdemont, perteneciente al mismo partido que Mas –Convergència Democràtica de Catalunya– que une a sus enconadas ansias separatistas el tener en su govern a consellers del históricamente antiespañol Esquerra Republicana de Catalunya y de tener, asimismo, el apoyo parlamentario del partido extremista de izquierdas C.U.P. (Candidatures d’Unitat Popular, de tendencia anarquista e independentista radical). Nos hallamos, así, ante un contubernio entre partidos burgueses que defienden un modelo de economía capitalista de libre mercado (por mucho que uno de ellos se autotitule como Esquerra) y otro que propone un modelo extremoizquierdista colectivista bregando, en siniestra conjunción, por despedazar la unidad de una patria milenaria.

Eduard Alcántara, desde Cataluña (España)

eduard_alcantara@hotmail.com

MOSLEY. EN RECONOCIMIENTO A SIR OSWALD

Posted in Eduard Alcántara, Política with tags on julio 27, 2015 by vitamilitiaest

Podría dar la impresión de que la figura de Oswald Mosley y su British Union of Fascists (BUF) apenas fueron una anécdota en el seno de lo que genéricamente se conoce como fascismo …en el seno de aquellos movimientos políticos que se desarrollaron en el período de entreguerras de la pasada centuria. Sin embargo la BUF llegó a ser un partido con una elevada militancia, con un fuerte activismo y con porcentajes de votos nada desdeñables en las circunscripciones por las que se presentó; más aún, esto último, teniendo en cuenta el que en dichos comicios, de carácter local (por distritos), sólo votaban los hombres casados y que, por contra, era entre la juventud entre la que el partido cosechaba más adhesiones.

La trayectoria política de nuestro personaje fue variada antes de decantarse por el fascismo. Así fue el diputado tory (miembro del Partido Conservador) más joven en ser elegido. Dejó este partido por sus desavenencias con el gobierno británico acerca de la política de éste para con Irlanda (Mosley era de ascendencia anglo-irlandesa) e ingresó en el Partido Laborista, al que también abandonó (al igual que al más izquierdista Partido Laborista Independiente) por considerar sus políticas económicas como poco alternativas al capitalismo. En esos momentos fundó el New Party –ya, éste, con claras inclinaciones fascistas- para, un año después, fundar, en 1.932, la British Union of Fascists.

Si aunamos dos factores, como son el sentido de milicia del fascismo y los continuos y violentos ataques comunistas a los mítines de la BUF, comprenderemos el que el partido de Mosley instruyera, a sus militantes de primera línea, en un solar contiguo al edificio que le servía de cuartel general, para organizarse como milicia. Milicia que mantuvo siempre a raya, a puño descubierto (los registros exhaustivos de la polícia no les permitían otro medio defensivo), los ataques furibundos perpetrados en masa por comunistas pertrechados con navajas de afeitar, puños americanos, barras de hierro,… Unos atacantes comunistas entre los que abundaba el elemento judío, tal como nos recuerda Mosley en su autobiografía (“My life”: “Mi vida”, Editorial Luis de Caralt, 1.973) cuando nos dice que desde junio hasta octubre de 1.934 (cuando fue violentamente atacado el mitin de la BUF en el centro de convenciones londinense del Olympia) de entre las 64 personas condenadas por los tribunales por los dichos ataques 32 eran judíos: el 50% de ellos, cuando los judíos constituían el 0’6 % del total de la población británica…

Los militantes del partido liderado por Sir Oswald adotaron la camisa negra como distintivo del movimiento, por lo que eran conocidos como los blackshirts. Unos blackshirts que fueron objeto de todo tipo de difamaciones en la prensa adicta al Establishment y de todo tipo de restricciones y prohiciones por parte del gobierno británico, ya que eran vistos como una real alternativa al gobierno …y al Sistema. Así se les prohibió el uso de las camisas negras o la autodefensa en sus actos al aire libre (tras la aprobación gubernativa de la Public Order Act, en 1.936), de la cual se dio exclusivos atributos a una policía a cuya negligencia (casual o causal) se deben algunos de los más graves altercados y hasta que el propio Mosley resultara gravemente herido por el lanzamiento de todo tipo de objetos contundentes contra los oradores.

La popularidad que llegó a cosechar Sir Oswald y su BUF fue tal que reunió las mayores concentraciones en local cerrado conocidas, hasta entonces, en el mundo, tal como aconteció en el acto celebrado, en junio de 1.939, en el Earl’s Court Exhibition Hall. Asimismo resultan espectaculares concentraciones humanas como las que se dieron en el Hyde Park londinense, en 1.934.

Debido a que el Establishment británico percibía el peligro que suponía esta fuerza alternativa pujante decidió, a pocos meses de iniciada la II Guerra Mundial, “democráticamente” (¡ay de la hipocresía de las demoplutocracias!) disolver el partido y encarcelar a unos 800 de sus dirigentes y cuadros bajo el pretexto de la oposición, por parte de la British Union of Fascists, a que el Reino Unido tomara parte en el conflicto bélico.

Así, durante tres años y medio Mosley estuvo preso. Su misma esposa, Diane Mitford, vio, como meses después, les eran arrebatados sus dos hijos pequeños (uno en plena lactancia) para ser ingresada, ella también, en prisión. Sólo una flebitis padecida por Sir Oswald, como consecuencia de la inactividad propia de su encarcelamiento, le permitió salir de su internamiento.

Con el fin de la IIGM el líder de la prohibida BUF volvió a la lucha política, no tardando en fundar el Union Movement. …un movimiento de acendrado carácter europeísta que pugnaba por unificar Europa y dejar en el baúl de los recuerdos las viejas rencillas territoriales y/o fronterizas entre Estados del viejo continente en pos de la constitución de una nación de más altos vuelos (Europa). Un movimiento que bajo el lema “Europa, una nación” logró la convocatoria, en 1.962, de la Conferencia de Venecia, en la que tomaron parte activa europeístas de granío como el belga Jean Thiriart.

La Union Movement multiplicó sus actos por la geografía británica y continuó encontrándose con la violenta oposición comunista. Entre antes y después de la guerra esta oposición provocó muy cruentos enfrentamientos en los actos que bajo el liderazgo de Mosley se celebraron en ciudades como Londres, Manchester, Liverpool o Glasgow. Llamaradas de violencia que salpicaron la emblemática Trafalgar Square londinense y que provocaron la suspensión gubernativa de esos mítines; con lo que, paradójicamente, los asaltantes comunistas acababan, como antes de la guerra, saliéndose con la suya y, en cambio, los que luchaban por autodefenderse veían grave e injustablemente dañados sus intereses.

Sir Oswald desató, en 1.959, una fuerte actividad en el londinense distrito de North Kessington, denunciando la inversión demográfica que empezaba ya a entreverse debido a una afluencia masiva de inmigrantes jamaicanos, que ya años antes había ocasionado serios altercados entre éstos y la población anglosajona autóctona. A Mosley, debemos, por ello, considerarlo un pionero en la lucha por la identidad cultural y por la misma existencia física de Europa.

Su activismo político se alargará hasta el año 1.966, en el que se presenta para las elecciones generales.

En Mosley cabalgan a la par un excelente orador con un hombre culto y versado en muchos temas: economía, ciencia, literatura, filosofía,… Muy aficionado al mundo clásico. En su estadía, durante la IIGM, en prisión redoblará sus lecturas.

Sus propuestas socioeconómicas pasan por la defensa del corporativismo como sistema representativo, como encuadre del mundo socio-laboral-cultural y como medio superador de la lucha de clases. Sin embargo al corporativismo de la Italia Fascista lo consideraba como “demasiado mecánico: un estabilizador automático, más que una fuerza motriz” (pág. 405 de “Mi vida”). Según Mosley los progresos de la ciencia y la teoría económica debían convertirlo en esa especie de “fuerza motriz”. Esta actitud crítica nos debería hacer, igualmente, recordar la que sostenía José Antonio Primo de Rivera (J.A.) al considerar que la existencia, en el seno del corporativismo italiano, de una especie de federación de patronos y otra de obreros en el fondo estaba conservando la relación bilateral entre los dadores de trabajo y los que lo arriendan para sobrevivir, lo cual representaba -al decir de J.A.- el seguir tratando al trabajo como a una mercancía. La idea de José Antonio era que los Sindicatos Verticales, por los que abogaba el nacionalsindicalismo, funcionarían orgánicamente como, p. ej., funciona el Ejército, sin necesidad de comités paritarios (no los hay en la Milicia) o Jurados Mixtos a modo de enlace entre patronos y obreros. Éste sería el modo más eficaz de acabar con la dinámica de la lucha de clases. (Al respecto se puede leer el discurso de José Antonio, del día 7 de abril de 1.935, en el Teatro Principal de Jaén; “Obras Completas”, pág. 510, Editorial Almena, 1.971.)

¿Es casual la coincidencia a la hora de efectuar estas críticas, por parte de Mosley y de José Antonio, hacia el Estado Corporativo de la Italia Fascista? Quizás sí y quizás no, por cuanto ambos se conocieron personalmente con motivo de la visita que el Jefe de FE-JONS le hizo al inglés en el cuartel general de la BUF, en el barrio de Chelsea; y en dicha ocasión pudieron haber compartido pareceres al respecto. Dicho encuentro lo refleja Mosley en sus memorias cuando nos describe lo que sintió (honda conmoción), una vez acabada la IIGM, una noche ante la tumba de J.A. en el monasterio de El Escorial, acompañado por su anfitrión, el cuñado de Franco, Serraño Suñer. Sir Oswald guardaba un recuerdo de él como el de un “joven incomparable” (págs. 470 y 471 de “Mi vida”).

La oposición de Mosley al capitalismo (sea el liberal o sea el estatal) no admite componendas y, así, nos habla de que las empresas que habrían de ser nacionalizadas deberían ser gestionadas por los trabajadores o por los sindicatos (del corte, queda diáfana la idea, de esos sindicatos verticales a los que aludía J.A.) y no por un aparato burocrático estatal.

Igualmente, su coherencia de pensamiento le hace abogar por la fijación de precios y salarios, pues ambos no deben ser producto del mercado y sus fluctuaciones. Se pondría, así, coto a la ley de la oferta y la demanda, indispensable -ésta- para el funcionamiento del capitalismo liberal, y se garantizarían los derechos de los obreros a unas condiciones de vida dignas.

No querriamos finiquitar estas líneas sin aludir a un par de anécdotas ilustrativas del carácter (de la personalidad) -a los ojos de Mosley- de dos líderes con los que nuestro personaje mantuvo un buen número de entrevistas y a los que llegó a conocer bastante bien. Se trata, ni más ni menos, que de Mussolini y de Hitler. Del primero Sir Oswald nos explica, en su obra autobiográfica, que en una ocasión en la que se entrevistaba con él, en su despacho del Palazzo Venezia en Roma, el Duce le comentó que el día anterior, donde en esos momentos se sentaba Mosley, se había sentado el Gran Rabino de Roma, el cual le había espetado a Mussolini que llegaría el día en el que los judíos dominarían a los gentiles. El Duce, tras narrarle a Mosley esta bravata, le explicó que esa misma noche habían encontrado al Gran Rabino muerto. Por supuesto, tal como nos aclara Sir Oswald, el Duce nada había tenido que ver con ese fallecimiento, pues se trató de una muerte natural que en el parecer de Mussolini mostraba que no se podía ir por el mundo con semejantes insolencias porque al poco podía uno estar criando malvas. “¡Qué insolente!”, fue la expresión que utilizó Il Duce para describirle a Mosley la actitud del Gran Rabino. El sentido del humor de Mussolini se pecibía en ese “¡…y por la noche se lo encontraron muerto!”.

Sir Oswald escribe, asimismo (capítulo 19 de “Mi vida”), que su cuñada Unity Mitford, amiga de Hitler, describe al führer como a un hombre que, en las fiestas privadas, era capaz de imitarse a sí mismo. Al parecer Hitler tuvo una época de fumador y él mismo, en el momento de aprestarse a fumar, hacía una parodia del ritual de fumador de las clases altas, de maneras y espíritu decimonónicos, liando el cigarrillo y lamiendo el papel. Para Mosley (y en consonacia con los tratados de psiquiatría) esto aleja a Hitler del perfil paranoico, pues el paranoico es una persona insegura de sí misma, con complejos y manías persecutorias, y su inseguridad está reñida con el autoimitarse y el mofarse de sí mismo (del guasearse de su débil personalidad).

Esperemos que hayan servido estas conclusas líneas para rendir tributo a un hombre de gran talla y de gran recorrido político: Sir Oswald Mosley.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

BRASILLACH Y “LOS SIETE COLORES”

Posted in Cultura, Eduard Alcántara on agosto 27, 2014 by vitamilitiaest

BRASILLACH Y “LOS SIETE COLORES”

No hace mucho completamos la lectura de una novela que nos ha dejado un más que grato sabor de boca, se trata de “Los siete colores”, de Robert Brasillach. Gracias a Ediciones Ojeda se ha puesto a disposición del público en lengua castellana este trabajo del autor francés. Mientras leíamos el libro y una vez concluida la lectura nos fue asaltando la misma pregunta: “¿Qué magna obra hubiera podido completar este primer espada de la literatura francesa de no haber visto prontamente cercenada su vida, en 1.945, por un piquete de ejecución a las afueras de París?” Francamente no es el único personaje sobre el cual nos hemos formulado preguntas similares. En ocasiones el planteo de éstas ha sido hacia gentes en las que ha destacado más su faceta política (aun cuando también se dedicasen a otros menesteres y cultivasen otros campos, como el de la literatura o el de la filosofía) y en otras ha sido más bien su dedicación a diferentes ramas de la cultura la que más los ha dado a conocer. Tanto en unos casos como en otros se trata de personajes que mayormente vieron su existencia terrenal brusca y violentamente interrumpida en un período de tiempo que abarca desde el principio de la Guerra Civil Española hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de ilustres congéneres que no se identificaron con los tristes destinos por los que se debatía el mundo que les había tocado vivir y que, en consecuencia, se revolvieron contra él con las armas de sus plumas y/o de su acción política. Se trata de personas que pugnaron por restaurar los viejos y eternos valores que la modernidad materialista del mundo en el que vivían había enterrado en el olvido y/o había cubierto con el oprobio. Se trata de gentes que se rebelaron ante la tiranía del racionalismo, del positivismo y del utilitarismo. De gentes que alzaron sus voces ante la dictadura monetarista y usurera. De gentes que ante la mediocridad anodina y sin pulso del prototipo dominante del burgués presentaron y opusieron la figura del héroe, el arquetipo del milites. Que ante las sociedades invertebradas, inorgánicas, gregarias, masificantes, homogeneizantes e individualistas de su época propusieron otros modelos de honda raigambre en las que lo comunitario, lo orgánico, lo personalizante y lo jerárquico vertebrasen su tejido. Personajes que, mayormente, contemplaron la existencia humana no como fin en sí mismo sino como un tránsito, como -en palabras de Julius Evola- “una fase de un ritmo que viene desde lo infinito y va hacia lo infinito”.

Pues bien, entre estos ilustres hombres sobre los que a menudo nos hemos formulado esa pregunta (“¿Hasta dónde habrían podido llegar de no haber sido asesinados?”) se encuentra, repetimos, la figura de ese francés de ancestros catalanes: Robert Brasillach. El Sistema político y la concepción deletérea del mundo que resultaron vencedores, a sangre y fuego, tras el cese de la IIGM no toleraron las ideas de nuestro autor y decidieron, a través de sus “órganos inquisitorial-judiciales competentes” arrebatarle la vida acribillándole a balazos con la anuencia del tristemente célebre general Charles de Gaulle, para el cual no valieron las peticiones de indulto ni de parte de la defensa del escritor -efectuada en privada audiencia con el general- ni de parte de un buen abanico de la más prestigiosa intelectualidad francesa (a excepción de siniestros y deleznables personajillos como Jean Paul Sartre).

Basta leer “Los siete colores” para percibir el alcance que como literato tiene nuestro autor. El libro circula a lomos de una historia de amor que ya por sí misma le da todo el empaque que debe requerir una novela que se precie, pues la trama de la historia amorosa, los pensamientos profundos que el autor pone en busca de los protagonistas y las reflexiones que se vierten y con las que a buen seguro se identifica el lector son de tal enjundia que le atraparán fuertemente. Pero es que -a diferencia de lo que suele acaecer en la inmensa mayoría de novelas- además Brasillach no utiliza una única técnica literaria en su libro sino que dependiendo del estado, de la fase, del momento y del lugar por los que transcurre la trama emplea una técnica u otra ¡…hasta siete diferentes!: las de “los siete colores” que le otorgan el título a esta obra.

Es así que empezando por la técnica del ‘relato’ pasa, en otro capítulo, a la de las ‘cartas’, al hallarse los dos principales protagonistas de esta historia amorosa lejos el uno del otro. En otro echa mano a la del ‘diario’, por cuanto en él el protagonista masculino explica, en un formato muy adecuado, experiencias pasadas en un lugar distinto (no desvelaremos los pormenores por tal de no desentrañar a los ojos de un futurible lector los vericuetos del libro). El capítulo siguiente se conforma en forma de ‘diálogo’ para así resaltar más el contraste entre las posiciones existenciales de los personajes que lo protagonizan. Mostrando su solvencia a la hora de recurrir a recursos diversos Brasillach nos brinda en forma de ‘documentos´ el capítulo que le sucede al anterior, ya que considera esta técnica más que apropiada para narrarnos acontecimientos de nuestra guerra civil española en los que uno de los protagonistas es parte activa. Finalmente es el recurso al ‘soliloquio’ el empleado en el séptimo y último capítulo, pues las reflexiones de la protagonista femenina lo convierten en técnica más que adecuada para darles cauce. Siete capítulos: siete técnicas literarias diferentes, siete situaciones existenciales, emocionales y vivenciales distintas, cada una con un color diferente pero siguiendo un hilo conductor que le da al conjunto de la obra la coherencia y la unidad requeridas.

Nuestro autor, para mas interés del lector, no permite que la realidad socio-política del momento resulte ajena a la obra y, así, hace reflexionar a uno de sus personajes sobre aspectos relacionados con la atmósfera de la Italia Fascista, le hace, asimismo, describir motivos y exponer pensamientos y sensaciones sobre la Alemania del III Reich y también mostrar -recurriendo a las andanzas de otro de los personajes- realidades de la Guerra Civil Española en general y de la retaguardia y las diferentes organizaciones contendientes del Bando Nacional en particular.

Una atrapadora historia amorosa (que se cruza con otras tramas de amor) circunscrita en la realidad política del momento y todo ello articulado en los altos dotes literarios de Brasillach -y la vasta cultura brindada por nuestro autor- hacen de este libro una lectura más que recomendada y de Brasillach un autor y un hombre insignes al que no hay que parar nunca de reivindicar; más aún cuando dio su vida por defender las altas ideas que, de haber triunfado, podrían haber puesto el punto final a ese desafuero de mundo quebrado y a la vez alienante y opresor que, personalmente, le tocó, sobre todo, sufrir en su país, Francia, y que seguimos padeciendo, si cabe en forma más degradante y degradada, en los tiempos que corren.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

“BÁRBAROS” VIKINGOS, “BÁRBAROS” ANCESTROS

Posted in Eduard Alcántara on mayo 25, 2014 by vitamilitiaest

 

 

Nos hallábamos este fin de semana en el Museu Marítim de Barcelona contemplando una exposición sobre el mundo vikingo. Nos resultó ilustrativa, bien documentada, amena y completa en cuanto a restos arqueológicos y recreaciones se trataba. Todo bien hasta que nos topamos con uno de los últimos plafones, en el cual se podía ver la fotografía de una agraciada joven de aspecto tirando a mulato ornada con un supuesto casco vikingo (decimos “supuesto” porque culminaba en los dos cuernos que, paradójicamente -tal como se explicaba en la misma exposición- nunca llevaron los vikingos o gentes nordse -nórdicas). Bajo la dicha foto se podía leer algo así como -citamos de memoria- que los vikingos del presente y/o del futuro son o serán de aspecto similar al de la joven, puesto que -seguía diciendo el texto- afortunadamente gracias a la ideología de género y a la multiculturalidad las cosas han cambiado desde la época en que los vikingos se hicieron notar en la historia… ¡Menudo colofón para una exposición amb cara i ulls! (con ‘cara y ojos’, como se dice en catalán). ¡Qué desentono en el conjunto de la muestra! ¡No venía al caso! A eso se le dice por aquí pixar fora de test! (‘mear fuera de tiesto’). Es tal la obsesión por el Discurso de Valores Dominantes que no se tiene rubor en excretar borrones en un trabajo más que bien presentado. ¡”1.984″, la obra de George Orwell, en estado puro y duro!, pues se trata de lavar el cerebro, programar o desprogramar al personal hasta en la sopa. Éstos son los cánones de obligado cumplimiento a los que hay que servir ciegamente …de no hacerse así se cae en el oprobio y, ¡lo que es peor!, en la persecución más despiadada.

En pocas palabras se estaba desprestigiando aquello que se estaba exhibiendo  ¡…qué absurdo y contradictorio! Todo el valor, la cultura y la visión de la existencia de aquel mundo vikingo se estaba pisoteando, pues se estaba afirmando, p. ej., que la división de funciones que en él se daba entre hombre y mujer era una abyección típica de épocas felizmente superadas  ¡…qué injusticia el que las mujeres no blandieran las espadas ni hicieran uso de las hachas de guerra! ¡Par Dieu, después de tanta brega feminista no se puede dejar de denunciar semejante prohibitiva aberración! ¡Qué es eso de que la mujer fuera la dueña del hogar familiar!; tal como simbolizaba el que ella era la dueña absoluta de las llaves de casa ¿¡La mujer en el hogar y el hombre guerreando!?¡…qué mal ejemplo -ejemplo a ocultar- para nuestro civilizado e igualitario mundo! ¡Condenemos a los vikingos y, de paso, a todos nuestros ancestros! ¡Nuestras raíces deben ser maldecidas, pues están saturadas de opresor patriarcalismo! ¡Qué es eso de intentar ser fieles a las leyes de la naturaleza! ¡…la naturaleza es machista! ¡Condenémosla y civilicémosla! ¡El mundo erróneo de nuestros antepasados debe ser objeto de demoledora crítica! ¡Contemplémoslo desde nuestra superioridad moral y cultural al mismo tiempo que lo condenamos! ¡…bárbaros retrasados!

¡Si es que encima esos bárbaros defendían su estirpe como algo casi sacro! ¡…Panda de racistas! ¡Si es que rendían culto a sus remotos ancestros! ¡…habrase visto qué obsesión por la preservación de sus genes! ¡Pugnaban por la cohesión de su etnia! ¡…a otro Núremberg retroactivo habría que someterlos! ¡Menos mal que en nuestro democrático mundo actual no caben esos postulados nefastos! ¡Menos mal que hemos segado las raíces de las que procedemos y así hemos evitado al demonio del racismo! ¡Menos mal que la globalización nos está fundiendo en una raza universal! ¡Si no fuera por nuestro sacrosanto multiculturalismo florecerían hoy en día gentes que reclamarían su propia identidad y, así, nuestro cosmopolita mundo feliz se iría rápido al carajo! ¡Menos mal que ya no existen pueblos de la calaña de aquellos vikingos! ¡Reivindiquemos la moderna vikinga guerrera mulata y pongamos en la picota a los vikingos históricos!

Al abandonar la dicha exposición entramos en otra en la que se mostraban barcos mercantes y de pasajeros de los dos últimos siglos y, sin venir al caso, como broche a la misma (¡y por si no habíamos tenido suficiente con lo expuesto hasta aquí!) nos golpearon con alguna fotografía y un vídeo lacrimógeno de inmigrantes subsaharianos (entiéndase -¡y se me disculpe por la franqueza!- ”negros’) camino a Europa en pateras… Como se comprenderá ya no nos quedaron alientos para plantarnos a visionar el entero contenido del vídeo ¡…ni ganas! En fin, ¡otro desentono y otra meada fuera de tiesto totalmente carente de relación con lo expuesto en la sala y con ribetes claros de más lavado de cerebro! ¡…más y más “1.984”! ¡Si uno no quería un plato recibió dos! ¡…o más que dos platos dos bofetadas a nuestro juicio; a nuestro entendimiento!

 

Eduard Alcántara

 

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